Son días de perder la cabeza entre los apuntes y el cuerpo entre el edredón.
Se acerca el invierno pero, esta vez, no le tienes miedo. Ni siquiera le guardas rencor.
Valencia es una ciudad demasiado pequeña para tantos corazones heridos. Y por eso has decidido cambiar aquel febrero por un octubre que tiene menos sentido que calor. Aunque sepas que, por el momento, cualquier dos vale más que un veintiuno.
Pero igual el truco está en equivocarse. En encontrar a quien no buscabas escondido entre tus brazos.
Puede que la clave esté en esa forma tan suya de acompasar su risa con su forma de mirarme. Esa que me hace pensar que igual, un corazón apagado puede volverse a encender. Aunque el amor ya lleve nombre.
Algunos se cierran el abrigo y otros, la puerta de la habitación. Y mientras mi ciudad se tiñe de gris y de protestas, puede que tu hayas cambiado aquel febrero por California y un par de conversaciones telefónicas.
Quién me diría a mi que dos años y medio más tarde, seguiríamos hablando de amor antes de dormir. Aunque sólo nos crucemos una vez a la semana y sigamos lejos. Aunque esta vez ese amor hable de ti y de mi, pero no de nosotros.
Y es que un día se da la vuelta el mundo y desbarata los planes. Y luego viene la vida que entre palabras de más y sudaderas oscuras, te dice que ya es hora de pensar un poco menos y sentir un poco más.
Y entonces ocurre,
se te escapa aquel febrero y lo encuentras sólo entre recuerdos.