Un aeropuerto es una caja llena de historias escritas y por escribir. De personas que vienen y van, de amores que se apagan y miradas que te encienden el miocardio.
Es el beso que te desea suerte y la sonrisa torcida que tanto te gusta y que no ha venido a decirte adiós.
Es el beso que te desea suerte y la sonrisa torcida que tanto te gusta y que no ha venido a decirte adiós.
El avión despega y vuelas lejos de todo. Con la ilusión cosida con ganas o un sentimiento de culpa que araña el alma.
Es lugar de reencuentros y despedidas. De cafés amargos que saben a todo menos a casa. De palabras sinceras y fotos de última hora.
Es un abrir y cerrar de puertas, un subir y bajar de ascensores, una terminal como sala de espera. Es una madrugada larga con ojos de sueño.
No hay verde ni cielos que valgan, sólo un par de horas muertas con las que jugar a hacerse el fuerte.
Hay billetes y maletas, taquillas y kilos de más. Hay sueños y hay miedos. Hay cabezadas cortas y suspiros que alimentan la impaciencia.
Hay vidas que se cruzan sin siquiera mirarse y mochilas que chocan sin pedir permiso. Hay corazones que buscan cobijo y miradas que buscan respuestas.
Hay un destino y un par de preguntas tontas.
Es un lugar para perderse entre panfletos y horarios. Es un ir y venir de pasos que en silencio marcan el compás de tu respiración entrecortada.
Es lugar de reencuentros y despedidas. De cafés amargos que saben a todo menos a casa. De palabras sinceras y fotos de última hora.
Es un abrir y cerrar de puertas, un subir y bajar de ascensores, una terminal como sala de espera. Es una madrugada larga con ojos de sueño.
No hay verde ni cielos que valgan, sólo un par de horas muertas con las que jugar a hacerse el fuerte.
Hay billetes y maletas, taquillas y kilos de más. Hay sueños y hay miedos. Hay cabezadas cortas y suspiros que alimentan la impaciencia.
Hay vidas que se cruzan sin siquiera mirarse y mochilas que chocan sin pedir permiso. Hay corazones que buscan cobijo y miradas que buscan respuestas.
Hay un destino y un par de preguntas tontas.
Es un lugar para perderse entre panfletos y horarios. Es un ir y venir de pasos que en silencio marcan el compás de tu respiración entrecortada.