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sábado, 30 de junio de 2012
Hasta que me vuelva loca de tanto quererte.
El mundo se reajusta en una sacudida de caderas y tu vida vuelve a retomar el rumbo. Hacer noche en un sofá improvisado ya no es problema. Colocarte la falda y bailar con los ojos cerrados mientras te mira por encima de la barandilla tampoco.
Empiezas a pensar que igual es mejor que esté lejos, porque últimamente no tienes tiempo para él, ni para echarle mucho de menos. Pero te arriesgas a escribirle canciones de amor aunque al volver puede que sea él el que te diga adiós.
Gritas hasta que la voz te flaquea y te encuentras buscando un taxi a las siete de la mañana.
Llueve ceniza y ves la ciudad naranja, aunque tus ojos guardan todavía ese verde que muchas veces pasa desapercibido.
Últimamente descartas todavía más bocas desconocidas que sólo buscan una oportunidad y esquivas a cualquier chico de la zona que intente conocerte, aunque más que el orgullo, quizá esta vez la razón sea él.
Alguien te dice que el accidente del 2 de febrero fue su segundo cumpleaños. Tu piensas que ese día también empezaste a vivir de nuevo y sonríes.
Triunfan los planes improvisados y los cambios de última hora. Ganas nudos en el estómago y pierdes el miedo a vivir. Te apuestas tu amor al póker y ganas todas las rondas.
Mojas tus pies en la playa y te das cuenta de que ya es verano y recuerdas aquel pequeño apartamento a los pies del mar que este año ya no pisarás.
Nace un plan inesperado cada día y buscas horas que duren un poco más.
Escribes en una hoja cada detalle desde el día 24 y empiezas a olvidarte de qué significan las palabras, preguntándote cuándo volverá e intentando recordar cuándo te dijo que estaría de vuelta.
Aunque no quieras admitirlo, te das cuenta de que no te hace tanta falta como llegas a pensar a veces, pero seguirías dando la vida por estrecharle entre tus brazos y necesitarle a tu lado cada segundo.
Buscas en cada esquina una oportunidad para romper a reír y te permites tantear posibilidades que hace poco estaban prohibidas.
La verdad, aún no sé si me estoy volviendo loca o es que la vida me sonríe de nuevo.
miércoles, 13 de junio de 2012
A LA LUZ DE TUS PIERNAS
Se pierde el humo de un peta mal hecho en la trastienda de un almacén que encierra los mismos suspiros con los que empañabas los cristales de su coche.
Por aquel entonces, echada en ese colchón robado que había perdido ya la cuenta de todos los que pasaron por él cada noche, no te resultaba raro pensar que no hubiera nada más fuera de esas cuatro paredes. Tampoco creías que hubiera algo que no se pudiera curar con un poco de alcohol y un par de besos sucios.
No sabías que esa sonrisa a medias acabaría por hacer noche en cada rincón de esa oscura habitación. Te perdiste entre sus ojos oscuros y entre cada una de las palabras que te susurraba al oído antes de desabrocharte la blusa.
Tengo que admitir que una vez estuviste cerca. Pero te desvaneciste junto al comienzo de la primavera, mientras perdía la inocencia. Mientras ese sol de abril acariciaba mi piel y los pocos hilos de cordura que me quedaban se perdían por completo.
Te costaba imaginar que algún día saldrías de ahí más segura de lo que habías entrado. Una estancia con el amor menos amor de todos y un remolino de sábanas desencajadas por cada nueva conquista.
Eran días en los que el amor era una quimera, la felicidad una utopía y la vida una odisea.
Por aquel entonces, echada en ese colchón robado que había perdido ya la cuenta de todos los que pasaron por él cada noche, no te resultaba raro pensar que no hubiera nada más fuera de esas cuatro paredes. Tampoco creías que hubiera algo que no se pudiera curar con un poco de alcohol y un par de besos sucios.
No sabías que esa sonrisa a medias acabaría por hacer noche en cada rincón de esa oscura habitación. Te perdiste entre sus ojos oscuros y entre cada una de las palabras que te susurraba al oído antes de desabrocharte la blusa.
Tengo que admitir que una vez estuviste cerca. Pero te desvaneciste junto al comienzo de la primavera, mientras perdía la inocencia. Mientras ese sol de abril acariciaba mi piel y los pocos hilos de cordura que me quedaban se perdían por completo.
Te costaba imaginar que algún día saldrías de ahí más segura de lo que habías entrado. Una estancia con el amor menos amor de todos y un remolino de sábanas desencajadas por cada nueva conquista.
Eran días en los que el amor era una quimera, la felicidad una utopía y la vida una odisea.
viernes, 1 de junio de 2012
Dibujando Primaveras
Ella no sabe como escribir sobre la felicidad.
Sobre la simplicidad de los pequeños detalles y los días que se hacen cortos. Sobre esa sonrisa suya que juega con sus labios hasta hacerse ver. Sobre si es mayo y hace calor y sobre que ha abandonado ya las bibliotecas y los cafés de media tarde.
La misma calle de siempre teñida con nuevas miradas.
Una cerveza fría en una ciudad con mar.
Un bar ya viejo del cual no recuerdas ni la música que sonaba entre las copas de más.
El humo del segundo cigarro de la noche y los planes improvisados de la primera tarde de junio.
Las miradas son la respuesta a todo lo que no te atreves a preguntar...o a decir. Y eso Ella lo sabe. Igual que sabe que has seguido llorando por él al cerrar la puerta para irte a casa. O que los domingos por la tarde existen para pararte a pensar dos veces.
Su pelo está más oscuro que hace un año; más largo y mas rebelde, como sus ganas. Se muerde el labio inferior y sacude la mano interpretando una canción en esa guitarra imaginaria que no sabe tocar.
Oye un susurro que crece y se hace más fuerte;
aquí nada nos ata, pisa la vida y arranca, que esto no ha hecho más que empezar.
Sobre la simplicidad de los pequeños detalles y los días que se hacen cortos. Sobre esa sonrisa suya que juega con sus labios hasta hacerse ver. Sobre si es mayo y hace calor y sobre que ha abandonado ya las bibliotecas y los cafés de media tarde.
La misma calle de siempre teñida con nuevas miradas.
Una cerveza fría en una ciudad con mar.
Un bar ya viejo del cual no recuerdas ni la música que sonaba entre las copas de más.
El humo del segundo cigarro de la noche y los planes improvisados de la primera tarde de junio.
Las miradas son la respuesta a todo lo que no te atreves a preguntar...o a decir. Y eso Ella lo sabe. Igual que sabe que has seguido llorando por él al cerrar la puerta para irte a casa. O que los domingos por la tarde existen para pararte a pensar dos veces.
Su pelo está más oscuro que hace un año; más largo y mas rebelde, como sus ganas. Se muerde el labio inferior y sacude la mano interpretando una canción en esa guitarra imaginaria que no sabe tocar.
Oye un susurro que crece y se hace más fuerte;
aquí nada nos ata, pisa la vida y arranca, que esto no ha hecho más que empezar.
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