Me atrevería a decir que las cosas van bien. Que podría sentarme contigo en cualquier banco y preguntarte cómo va la vida. Y escucharte y dejar que me escuches. Saber que te siguen perdiendo los labios que saben a mar. Que no le cogiste miedo a la distancia y juegas a encontrar el amor a 9484 kilómetros de aquí. Decirte que encontré un octubre que me llenó el corazón de noches con calor y tardes con ganas de él. Y aquí estamos. Removiendo un café que hace rato se ha quedado frío. Mirarte y verte distinto. Notarte cansado. Quizá más mayor. Quizá sólo apagado. Tal vez sólo mirarte, sin ojos llenos de amor ni un corazón que te añora. Y entonces, por fin, poder darte las gracias. Porque fuiste grande, porque fuiste tu. Porque prometiste no dejarme y aquí estamos, comparando vidas que una vez fueron una, y que ahora se alejan. Y darnos cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. De lo mucho que cambian las cosas y lo mucho que hemos cambiado nosotros. Nosotros, que nos alejamos del frío. Que hemos encontrado otras manos y hemos querido dejar que el corazón descanse después de una guerra tan fría. Y hoy lo pienso y parecen lejos. Esos dos años en los que aprendí a vivir. Pero aquí estamos. Hablando de ciudades distintas y de labios que saben a lo que siempre hemos buscado. De sonrisas que roban el corazón y hombros sobre los que apoyar la cabeza un domingo cualquiera. Parecía imposible. Creíamos haber desgastado todo el amor. Lo consumimos tan fuerte, que pensábamos en lo improbable de encontrar otras manos en unas vidas tan rotas. Pero nos equivocamos. Y ahora al pensarte sonrío. Y sé que tu también sonríes. Sé que me guardas allí donde sólo yo conseguí entrar. Aunque los dos sabemos que ese sitio, ya no es sólo nuestro. Y puede que alguna noche lloremos. Que se nos escape algún recuerdo que humedezca el corazón. Y acordarme de ti y que te acuerdes de mí. De esos dos enamorados que una vez fuimos. Lo supe siempre. Que eras de esas personas que llegan y pisan fuerte. Que sin rozarte, marcan el corazón. Y en eso, no me equivocaba. Siempre fuimos dos vidas paralelas que se acercaban sin llegarse a cruzar. Siempre fuiste de los buenos, el mejor. Y si algún día olvidamos juntarnos en cualquier banco, que sea sólo para volver a soñar.
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domingo, 23 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
De inviernos sin agua y noches con ganas de ti
Tu, con esa mirada oscura que a tantas volvió loca.
Yo, que le tenía declarada la guerra a los ojos azules.
Tu, que desgastabas besos y abrazabas mis noches.
Yo, que he encontrado el calor de este otoño frío entre tus manos. Las mismas que me guiaron hasta el perímetro de tus labios aquella tarde y no me dejaron ir.
Fue un viernes medio dulce medio salado, con sabor a todo menos a lo que era de esperar.
Aunque días más tarde, seguía con la sensación de no tener las cosas claras, con la certeza de que esta ciudad ha sabido más de tus labios que de los míos.
Pero entonces llegó esa sonrisa que acompaña tu forma de mirar. Y con ella llegaron mis ganas y la sensación de haber encontrado entre tus brazos aquel lugar perfecto.
Y decidí que ya era tiempo de darle la vuelta al calendario y abrazarme a ti.
Puede que tuviera que ver con la primera vez que me dijo te quiero. Bajito, suave, casi viento. Con el mismo miedo que tenía yo de admitir que sus besos sabían al calor de un invierno sin amores que llorar. Que sin ser lo que buscaba, se estaba haciendo camino a través de un febrero que se quedó atascado.
Fue el primero que me llamó enana sin revolver viejos fantasmas, aunque dejando un sabor agridulce. El primero al que volví a adivinarle la sonrisa. El único que ha hecho de un bloque de oficinas una mirada de complicidad.
No seguía los esquemas que yo había marcado, pero a quién le importan los planes cuando te abraza fuerte y te hace querer.
Yo, que le tenía declarada la guerra a los ojos azules.
Tu, que desgastabas besos y abrazabas mis noches.
Yo, que he encontrado el calor de este otoño frío entre tus manos. Las mismas que me guiaron hasta el perímetro de tus labios aquella tarde y no me dejaron ir.
Fue un viernes medio dulce medio salado, con sabor a todo menos a lo que era de esperar.
Aunque días más tarde, seguía con la sensación de no tener las cosas claras, con la certeza de que esta ciudad ha sabido más de tus labios que de los míos.
Pero entonces llegó esa sonrisa que acompaña tu forma de mirar. Y con ella llegaron mis ganas y la sensación de haber encontrado entre tus brazos aquel lugar perfecto.
Y decidí que ya era tiempo de darle la vuelta al calendario y abrazarme a ti.
Puede que tuviera que ver con la primera vez que me dijo te quiero. Bajito, suave, casi viento. Con el mismo miedo que tenía yo de admitir que sus besos sabían al calor de un invierno sin amores que llorar. Que sin ser lo que buscaba, se estaba haciendo camino a través de un febrero que se quedó atascado.
Fue el primero que me llamó enana sin revolver viejos fantasmas, aunque dejando un sabor agridulce. El primero al que volví a adivinarle la sonrisa. El único que ha hecho de un bloque de oficinas una mirada de complicidad.
No seguía los esquemas que yo había marcado, pero a quién le importan los planes cuando te abraza fuerte y te hace querer.
jueves, 15 de noviembre de 2012
dieces con sabor a dos
El frío del otoño te abraza cada mañana para confirmarte que ya se queda aquí.
Son días de perder la cabeza entre los apuntes y el cuerpo entre el edredón.
Se acerca el invierno pero, esta vez, no le tienes miedo. Ni siquiera le guardas rencor.
Valencia es una ciudad demasiado pequeña para tantos corazones heridos. Y por eso has decidido cambiar aquel febrero por un octubre que tiene menos sentido que calor. Aunque sepas que, por el momento, cualquier dos vale más que un veintiuno.
Pero igual el truco está en equivocarse. En encontrar a quien no buscabas escondido entre tus brazos.
Puede que la clave esté en esa forma tan suya de acompasar su risa con su forma de mirarme. Esa que me hace pensar que igual, un corazón apagado puede volverse a encender. Aunque el amor ya lleve nombre.
Algunos se cierran el abrigo y otros, la puerta de la habitación. Y mientras mi ciudad se tiñe de gris y de protestas, puede que tu hayas cambiado aquel febrero por California y un par de conversaciones telefónicas.
Quién me diría a mi que dos años y medio más tarde, seguiríamos hablando de amor antes de dormir. Aunque sólo nos crucemos una vez a la semana y sigamos lejos. Aunque esta vez ese amor hable de ti y de mi, pero no de nosotros.
Y es que un día se da la vuelta el mundo y desbarata los planes. Y luego viene la vida que entre palabras de más y sudaderas oscuras, te dice que ya es hora de pensar un poco menos y sentir un poco más.
Y entonces ocurre,
se te escapa aquel febrero y lo encuentras sólo entre recuerdos.
martes, 16 de octubre de 2012
días largos, besos guarros
Rompió esquemas y cambió los planes.
A 70km, las cosas suenan raras, pero sólo nos hemos cambiado por otros labios que también saben a sal.
Por un par de corazones desafinados que parecen entenderse bien.
Vivía revolviendo sueños en noches largas y sábanas en tardes al azar.
Y entonces llegó alguien que me dijo que el miedo nunca es buen compañero, y menos cuando llega el invierno.
Y eso que yo, al frío, ya la había ganado la partida. Y a los febreros, el amor.
Que puede que me esté acostumbrando a tus manos, a la oscuridad de tus pupilas, a compartir mi banco antes de cenar.
Aunque un corazón amigo planee encontrarme en junio y no darse por vencido.
Aunque consumiera el amor tan fuerte aquella vez, que piense que ya no queda más, por muchos domingos que vengan.
Pero puede que la vida trate de eso. De encontrar a la persona imperfecta que olvide esquemas y desencaje los planes. Y que ya de amar, se encargue el corazón.
A 70km, las cosas suenan raras, pero sólo nos hemos cambiado por otros labios que también saben a sal.
Por un par de corazones desafinados que parecen entenderse bien.
Vivía revolviendo sueños en noches largas y sábanas en tardes al azar.
Y entonces llegó alguien que me dijo que el miedo nunca es buen compañero, y menos cuando llega el invierno.
Y eso que yo, al frío, ya la había ganado la partida. Y a los febreros, el amor.
Que puede que me esté acostumbrando a tus manos, a la oscuridad de tus pupilas, a compartir mi banco antes de cenar.
Aunque un corazón amigo planee encontrarme en junio y no darse por vencido.
Aunque consumiera el amor tan fuerte aquella vez, que piense que ya no queda más, por muchos domingos que vengan.
Pero puede que la vida trate de eso. De encontrar a la persona imperfecta que olvide esquemas y desencaje los planes. Y que ya de amar, se encargue el corazón.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Otoños de corazones sin hojas que cambiar
Te prometí amor y finales cruzados.
Busqué palabras que pudieran hacer justicia a cada uno de los días.
Intenté explicarlo hasta que me dí cuenta de que esa historia era sólo mía.
No intentes hablarle de amor al que sólo conoce sábanas desencajadas.
Qué sabrás tu de la forma que tenía mi corazón de decir su nombre. O de las sonrisas con dueño y sin razones. Del frío que puede esconder un verano y las decisiones que pueden marcar una vida.
Se marcha un septiembre más y tu te quedas con el dolor de cabeza y las cosas, un poco más claras.
Nunca te había visto tan pequeño como en esta noche. En la que hablabas de amar como si fuera un juego. Como si supieras lo que es. Como si fuera fácil.
No has contado las veces que he sonreído al escucharte y pensar en él. Y en mi. Que tu lo que necesitas ahora es alguien que te cuide. Que se siente contigo en el parque antes de cenar y te escuche decir que esto de la vida es muy complicado, con tan pocas respuestas y el móvil roto.
Pero aun es pronto para que te palpite el corazón y las canciones en vez de títulos lleven nombres. Tu todavía piensas que las rosas rompen las distancias y arreglan corazones. Y así vas, confundiendo lunas en noches claras.
Busqué palabras que pudieran hacer justicia a cada uno de los días.
Intenté explicarlo hasta que me dí cuenta de que esa historia era sólo mía.
No intentes hablarle de amor al que sólo conoce sábanas desencajadas.
Qué sabrás tu de la forma que tenía mi corazón de decir su nombre. O de las sonrisas con dueño y sin razones. Del frío que puede esconder un verano y las decisiones que pueden marcar una vida.
Se marcha un septiembre más y tu te quedas con el dolor de cabeza y las cosas, un poco más claras.
Nunca te había visto tan pequeño como en esta noche. En la que hablabas de amar como si fuera un juego. Como si supieras lo que es. Como si fuera fácil.
No has contado las veces que he sonreído al escucharte y pensar en él. Y en mi. Que tu lo que necesitas ahora es alguien que te cuide. Que se siente contigo en el parque antes de cenar y te escuche decir que esto de la vida es muy complicado, con tan pocas respuestas y el móvil roto.
Pero aun es pronto para que te palpite el corazón y las canciones en vez de títulos lleven nombres. Tu todavía piensas que las rosas rompen las distancias y arreglan corazones. Y así vas, confundiendo lunas en noches claras.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
020210
Nunca pierdes la esperanza hasta que en vez de sus buenas noches lo único que tienes son un par de lágrimas escondidas en la almohada. Y entonces te pierdes, entre tus ganas de decirle que nunca le quisiste y tu corazón que a gritos le echa de menos. Es difícil. Tratar de seguir adelante en un invierno improvisado, donde el frío viene de todas partes menos de fuera.
Y entonces, un día al azar, le encuentras en una canción. Y en vez del odio, esta vez el que llora es el corazón, escondido detrás de tu sonrisa, susurrándote que no ha habido nunca ni historia más bonita ni amor más amor.
Que sólo se ha quedado atrás el tiempo, que se olvidó de que crecíamos. El tiempo y un par de suspiros con aquello que nunca nos dijimos, y todo lo que se quedó por cumplir.
Pero estaba escrito que yo, sin tus manos, no era ni la mitad de 70. Y que mi orgullo no tenía nada que hacer contra tu recuerdo.
Ya no volvieron ni los inviernos en plena primavera ni las tormentas a la hora de dormir. Lo que volvió fue esa sonrisa que me encontraba las cosquillas y me encendía el corazón. Sonaba distinto, sonaba mayor. A caminos mezclados con mar. A California y a capitales. Pero sus te quiero siempre fueron iguales. A pesar de las idas y venidas. De las vueltas locas que dio la vida.
- ¿Sabes qué? (además de que te quiero)
+ ¿Qué?
- Que también me encantas
Siempre hubo tanto amor que fue imposible conformarme con menos.
Y entonces, un día al azar, le encuentras en una canción. Y en vez del odio, esta vez el que llora es el corazón, escondido detrás de tu sonrisa, susurrándote que no ha habido nunca ni historia más bonita ni amor más amor.
Que sólo se ha quedado atrás el tiempo, que se olvidó de que crecíamos. El tiempo y un par de suspiros con aquello que nunca nos dijimos, y todo lo que se quedó por cumplir.
Pero estaba escrito que yo, sin tus manos, no era ni la mitad de 70. Y que mi orgullo no tenía nada que hacer contra tu recuerdo.
Ya no volvieron ni los inviernos en plena primavera ni las tormentas a la hora de dormir. Lo que volvió fue esa sonrisa que me encontraba las cosquillas y me encendía el corazón. Sonaba distinto, sonaba mayor. A caminos mezclados con mar. A California y a capitales. Pero sus te quiero siempre fueron iguales. A pesar de las idas y venidas. De las vueltas locas que dio la vida.
- ¿Sabes qué? (además de que te quiero)
+ ¿Qué?
- Que también me encantas
Siempre hubo tanto amor que fue imposible conformarme con menos.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Siempre buscó nuevos sueños y olvidó segundas razones
Siempre habló de amores baratos y ganas embotelladas hasta que te hiciste dueño de su sonrisa sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Perdió su corazón un mes de abril y no lo recuperó hasta mucho después.
Recorrió pocas bocas sólo porque ninguna le llamaba enana de esa forma tan tuya.
Abandonó sus penas entre los acordes que le repetían que ya no estabas. Los mismos que le decían que había más miedo que kilómetros de por medio.
Desde entonces han pasado tantas lunas que no recuerdo el momento en que perdí el miedo a admitir que me enamoraste.
De todas y cada una de las formas que podías haberlo hecho.
Y ahora hablo de amores que no son hasta que ya han envuelto el corazón. De distintas formas de querer, aunque ninguna como la tuya.
Hablo de suerte y de coincidencias. Nunca de destino. De pequeños detalles que dibujan grandes sonrisas y destapan el corazón. Hablo de vías que te alejan y kilómetros que sólo son excusas. Hablo de domingos donde la nostalgia se tumba a hacerte compañía, aunque no la llames.
Hablo de como te desenamoras, pero como nunca dejas de querer. Hablo de inviernos donde el frío queda atrás y de vidas que se cruzan hasta que todo queda en su lugar.
De como tus manos quedan lejos mientras que tus palabras saben a casa.
Inspiras y cruzas cielos. Expiras y te deshaces de un par de días que parecen demasiado largos.
Vigilo la hora pero me pierdo al tercer baile. Planeo las sacudidas de cadera que te llevaran hasta mis labios y las cambio por las veces que te haré salir a buscarme.
Hay años que te descolocan la vida y vidas que te revuelven el corazón.
Y luego está esa luna llena en una noche nublada.
Recorrió pocas bocas sólo porque ninguna le llamaba enana de esa forma tan tuya.
Abandonó sus penas entre los acordes que le repetían que ya no estabas. Los mismos que le decían que había más miedo que kilómetros de por medio.
Desde entonces han pasado tantas lunas que no recuerdo el momento en que perdí el miedo a admitir que me enamoraste.
De todas y cada una de las formas que podías haberlo hecho.
Y ahora hablo de amores que no son hasta que ya han envuelto el corazón. De distintas formas de querer, aunque ninguna como la tuya.
Hablo de suerte y de coincidencias. Nunca de destino. De pequeños detalles que dibujan grandes sonrisas y destapan el corazón. Hablo de vías que te alejan y kilómetros que sólo son excusas. Hablo de domingos donde la nostalgia se tumba a hacerte compañía, aunque no la llames.
Hablo de como te desenamoras, pero como nunca dejas de querer. Hablo de inviernos donde el frío queda atrás y de vidas que se cruzan hasta que todo queda en su lugar.
De como tus manos quedan lejos mientras que tus palabras saben a casa.
Inspiras y cruzas cielos. Expiras y te deshaces de un par de días que parecen demasiado largos.
Vigilo la hora pero me pierdo al tercer baile. Planeo las sacudidas de cadera que te llevaran hasta mis labios y las cambio por las veces que te haré salir a buscarme.
Hay años que te descolocan la vida y vidas que te revuelven el corazón.
Y luego está esa luna llena en una noche nublada.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Tres sorbos de café y una maleta llena de recuerdos
La vida es un ir y venir de maletas y sueños escondidos entre las paredes y escaleras de cualquier aeropuerto.
Un aeropuerto es una caja llena de historias escritas y por escribir. De personas que vienen y van, de amores que se apagan y miradas que te encienden el miocardio.
Es el beso que te desea suerte y la sonrisa torcida que tanto te gusta y que no ha venido a decirte adiós.
Es el beso que te desea suerte y la sonrisa torcida que tanto te gusta y que no ha venido a decirte adiós.
El avión despega y vuelas lejos de todo. Con la ilusión cosida con ganas o un sentimiento de culpa que araña el alma.
Es lugar de reencuentros y despedidas. De cafés amargos que saben a todo menos a casa. De palabras sinceras y fotos de última hora.
Es un abrir y cerrar de puertas, un subir y bajar de ascensores, una terminal como sala de espera. Es una madrugada larga con ojos de sueño.
No hay verde ni cielos que valgan, sólo un par de horas muertas con las que jugar a hacerse el fuerte.
Hay billetes y maletas, taquillas y kilos de más. Hay sueños y hay miedos. Hay cabezadas cortas y suspiros que alimentan la impaciencia.
Hay vidas que se cruzan sin siquiera mirarse y mochilas que chocan sin pedir permiso. Hay corazones que buscan cobijo y miradas que buscan respuestas.
Hay un destino y un par de preguntas tontas.
Es un lugar para perderse entre panfletos y horarios. Es un ir y venir de pasos que en silencio marcan el compás de tu respiración entrecortada.
Es lugar de reencuentros y despedidas. De cafés amargos que saben a todo menos a casa. De palabras sinceras y fotos de última hora.
Es un abrir y cerrar de puertas, un subir y bajar de ascensores, una terminal como sala de espera. Es una madrugada larga con ojos de sueño.
No hay verde ni cielos que valgan, sólo un par de horas muertas con las que jugar a hacerse el fuerte.
Hay billetes y maletas, taquillas y kilos de más. Hay sueños y hay miedos. Hay cabezadas cortas y suspiros que alimentan la impaciencia.
Hay vidas que se cruzan sin siquiera mirarse y mochilas que chocan sin pedir permiso. Hay corazones que buscan cobijo y miradas que buscan respuestas.
Hay un destino y un par de preguntas tontas.
Es un lugar para perderse entre panfletos y horarios. Es un ir y venir de pasos que en silencio marcan el compás de tu respiración entrecortada.
miércoles, 22 de agosto de 2012
mil lunas llenas por delante
El ICE *** abandona Alemania sin recelo. No quedan asientos ni cabinas, pero sí un par de horas por delante.
Quedan
atrás los adoquines de Praga y los S+U de Berlín. Keleti suena a
leyenda y las calles parisinas parecen haber desaparecido entre el
traqueteo de los trenes.
Con apenas seis horas de sueño en dos días, el suelo de un vagón cualquiera es suficiente para dejar pasar el tiempo.
Quedan
ocho días y mil sonrisas por delante. Quedan calles por las que perderse
y conversaciones antes de dormir. Quedan noches de alcohol y de darlo
todo y mañanas de enredarse entre las sábanas y quejarse del dolor de
cabeza.
Sin duda alguna, queda aún algun enfado que otro y unos cuantos gritos de más.
Una ciudad por cada sueño y un sueño por cada mensaje a media tarde.
Mil seiscientos ochenta y seis canciones y unos auriculares rosas que ayudan a hacer menos largos los kilómetros de más.
Dos paquetes de galletas y un batido de madrugada que se queda en la estación.
Que
este viaje es sólo otra forma de acabar con la rutina y desconectar del
mundo. De conocer a los de siempre y a los de ahora. De perderse y
echar de menos.
Tengo la espalda cargada y los pies cansados.
Tengo la ilusión y las ganas del primer día. Tengo todas y cada una de
las canciones que llevan escrito su nombre y que aun me hacen sonreír.
Y después de quince días, ya son sólo tres ciudades las que me esperan. Tres
ciudades para romper el tiempo y bebérmelo entre vías que susurran tu nombre.
domingo, 12 de agosto de 2012
Cogiendo altura, dejando señales
Son seis paradas en metro y un paseo. Un creppe de chocolate en Montmartre y un imán robado.
Son los primeros dos intentos de los veinticuatro asaltos que tenemos para comernos el mundo.
Llueve y desde lo alto, París es el primer bocado de libertad.
Munich
parece un alto para parar a coger aire, Budapest está sólo a un par de
hojas, cartas y canciones en un tren de día y Praga todavía suena lejos.
Son ocho ciudades y seis sonrisas. Son dos personas por llegar y
un mes para abandonar las preocupaciones entre el humo de un peta y
ahogar las dudas en el fondo de un vaso en un bar cualquiera.
Hacer
noche en los trenes es algo con lo que ya contaba, pero suena a
aventura el pensar en perderme entre unos labios que no lleven (tu)
nombre.
Son días de caminar sin certeza y noches de perder la cabeza entre cuatro sacudidas de cadera y un cubata bien frío.
Cierras los ojos y cruzas fronteras.
Me
pierdo en el mapa y me alejo de él. De él y de esa nueva costumbre suya
de hacer que me acuerde de sus manos cuando llega el frío, o la hora de
dormir. Y después de cuatro días de viaje sigo buscando kilómetros
donde esconder las palabras de más que hemos cruzado últimamente, aunque
sólo sea porque no sé qué hacer aun con ellas.
Son maneras de ganar batallas y perder el juicio.
Son
días de trenes y estaciones. De putas distancias que arañan el corazón.
Son días de querer de más y pensar de menos. Aunque sólo sea para perder la cabeza y no pensarte más de la cuenta.
Son días de querer de más y pensar de menos. Aunque sólo sea para perder la cabeza y no pensar
viernes, 3 de agosto de 2012
23 días, 1000 razones para sonreír
Son seis horas y cientos de canciones hasta volver a llegar a ese pequeño rincón del mundo, nueve años más tarde, nueve años más mayor.
Se encierra entre cuatro montañas, para el mundo y se baja.
Lo piensa y no sabe cómo ha llegado hasta donde está. Sólo sabe que empezó un día de lluvia y ropa esparcida por el suelo.
Esconde su cuello entre la bufanda y acaricia las manos que sujetan las suyas por debajo de la sudadera. Cierra los ojos y pide que el tiempo se pare en todos los recovecos del mundo, menos en ese.
Se atrinchera en ese valle con la misma gente de siempre, con esa que te abraza de verdad cuatro veces al año y que te hace sentir como en casa.
Se sorprende añorando el agua fría que salpica a traición y levantándose de madrugada sin ser vista.
Pierde la noción del tiempo, la noción de ti y de todos aquellos que están lejos de ese cielo estrellado.
A lo lejos alguien le rompe el corazón. Y lo ve tan distante que se lía las mentiras hasta verlas hechas cenizas. Y después apaga el teléfono y da la espalda a cualquiera que esté fuera de los límites que aíslan esos pocos días verdes.
Siente el calor del fuego y de las palabras sinceras. Se lanza de bruces al río y se siente vivir.
Descubre que después de tanto, esas personas siguen teniendo algo en común. Y es ese algo el que te engancha y no te deja ir.
Paseas por el extrarradio de tu vida hasta disolver los problemas y te encuentras todos los sueños que hace años empezaste a construir en ese mismo lugar.
Se para a pensar y se da cuenta de que sí, ahí es feliz. Son quince días, reducidos a diez, que ahora sabe que nunca volverá a cambiar.
Y después de desear no salirse del perímetro de los brazos que la estrechan cuando acecha el frío, vuelve a cargarse la misma mochila al hombro en busca de nuevas aventuras que también prometen.
Deja atrás la montaña, sin olvidarse de querer más, mucho más y espera que un avión no muy lejano la levante del suelo y le confirme que todavía es tiempo de soñar.
Se encierra entre cuatro montañas, para el mundo y se baja.
Lo piensa y no sabe cómo ha llegado hasta donde está. Sólo sabe que empezó un día de lluvia y ropa esparcida por el suelo.
Esconde su cuello entre la bufanda y acaricia las manos que sujetan las suyas por debajo de la sudadera. Cierra los ojos y pide que el tiempo se pare en todos los recovecos del mundo, menos en ese.
Se atrinchera en ese valle con la misma gente de siempre, con esa que te abraza de verdad cuatro veces al año y que te hace sentir como en casa.
Se sorprende añorando el agua fría que salpica a traición y levantándose de madrugada sin ser vista.
Pierde la noción del tiempo, la noción de ti y de todos aquellos que están lejos de ese cielo estrellado.
A lo lejos alguien le rompe el corazón. Y lo ve tan distante que se lía las mentiras hasta verlas hechas cenizas. Y después apaga el teléfono y da la espalda a cualquiera que esté fuera de los límites que aíslan esos pocos días verdes.
Siente el calor del fuego y de las palabras sinceras. Se lanza de bruces al río y se siente vivir.
Descubre que después de tanto, esas personas siguen teniendo algo en común. Y es ese algo el que te engancha y no te deja ir.
Paseas por el extrarradio de tu vida hasta disolver los problemas y te encuentras todos los sueños que hace años empezaste a construir en ese mismo lugar.
Se para a pensar y se da cuenta de que sí, ahí es feliz. Son quince días, reducidos a diez, que ahora sabe que nunca volverá a cambiar.
Y después de desear no salirse del perímetro de los brazos que la estrechan cuando acecha el frío, vuelve a cargarse la misma mochila al hombro en busca de nuevas aventuras que también prometen.
Deja atrás la montaña, sin olvidarse de querer más, mucho más y espera que un avión no muy lejano la levante del suelo y le confirme que todavía es tiempo de soñar.
jueves, 12 de julio de 2012
me quedo contigo (si me dejas)
Me siento con ganas de gritar bien fuerte a ver si así me oyes. A ver si así te acuerdas un poco de mí y decides volver antes de que lo de todo por perdido y decida desaparecer sin darte una última oportunidad. Sólo para comprobar si esta vez tenía yo razón o si he seguido luchando contra el mundo en una batalla donde venció un 29 de abril hace ya un año.
Se me contrae el corazón y se congela el pericardio cada noche al volver a casa. Ya van diez, y otras más que pasarán hasta que me de cuenta de que vuelvo a estar sola.
Los días pasan y las horas empiezan a hacerse pedazos.
Busco a ese amor que ha jugado sucio y le admito que esta vez no me lo esperaba. El amor más amor que no me quiere a su lado pero que me necesita consigo.
Hace tiempo que he dejado de preguntarme si estoy loca o enamorada. Hace tiempo que me pregunto si es verdad eso de que las segundas partes nunca fueron buenas, o si en cambio vale la pena si te hace feliz.
No sé cuánto tiempo debe buscar alguien un abrazo, o si debería siquiera haber soñado con tus labios. No sé si a finales de agosto me habré dejado llevar por otras manos. Ni si quiera sé si aparecerás de nuevo antes de que me vaya, o si me espera otra vez un año de intentar encontrar un por qué.
Sólo sé que esta vez necesito una razón.
Y se me viene el mundo un poco más encima cada día mientras espero esa respuesta que creo haber encontrado entre tanto silencio.
Pero aún así sigo aquí, como el primer día, como siempre. Sin dudar que si me dices ven, lo dejo todo. Pero dime ven.
Se me contrae el corazón y se congela el pericardio cada noche al volver a casa. Ya van diez, y otras más que pasarán hasta que me de cuenta de que vuelvo a estar sola.
Los días pasan y las horas empiezan a hacerse pedazos.
Busco a ese amor que ha jugado sucio y le admito que esta vez no me lo esperaba. El amor más amor que no me quiere a su lado pero que me necesita consigo.
Hace tiempo que he dejado de preguntarme si estoy loca o enamorada. Hace tiempo que me pregunto si es verdad eso de que las segundas partes nunca fueron buenas, o si en cambio vale la pena si te hace feliz.
No sé cuánto tiempo debe buscar alguien un abrazo, o si debería siquiera haber soñado con tus labios. No sé si a finales de agosto me habré dejado llevar por otras manos. Ni si quiera sé si aparecerás de nuevo antes de que me vaya, o si me espera otra vez un año de intentar encontrar un por qué.
Sólo sé que esta vez necesito una razón.
Y se me viene el mundo un poco más encima cada día mientras espero esa respuesta que creo haber encontrado entre tanto silencio.
Pero aún así sigo aquí, como el primer día, como siempre. Sin dudar que si me dices ven, lo dejo todo. Pero dime ven.
sábado, 30 de junio de 2012
Hasta que me vuelva loca de tanto quererte.
El mundo se reajusta en una sacudida de caderas y tu vida vuelve a retomar el rumbo. Hacer noche en un sofá improvisado ya no es problema. Colocarte la falda y bailar con los ojos cerrados mientras te mira por encima de la barandilla tampoco.
Empiezas a pensar que igual es mejor que esté lejos, porque últimamente no tienes tiempo para él, ni para echarle mucho de menos. Pero te arriesgas a escribirle canciones de amor aunque al volver puede que sea él el que te diga adiós.
Gritas hasta que la voz te flaquea y te encuentras buscando un taxi a las siete de la mañana.
Llueve ceniza y ves la ciudad naranja, aunque tus ojos guardan todavía ese verde que muchas veces pasa desapercibido.
Últimamente descartas todavía más bocas desconocidas que sólo buscan una oportunidad y esquivas a cualquier chico de la zona que intente conocerte, aunque más que el orgullo, quizá esta vez la razón sea él.
Alguien te dice que el accidente del 2 de febrero fue su segundo cumpleaños. Tu piensas que ese día también empezaste a vivir de nuevo y sonríes.
Triunfan los planes improvisados y los cambios de última hora. Ganas nudos en el estómago y pierdes el miedo a vivir. Te apuestas tu amor al póker y ganas todas las rondas.
Mojas tus pies en la playa y te das cuenta de que ya es verano y recuerdas aquel pequeño apartamento a los pies del mar que este año ya no pisarás.
Nace un plan inesperado cada día y buscas horas que duren un poco más.
Escribes en una hoja cada detalle desde el día 24 y empiezas a olvidarte de qué significan las palabras, preguntándote cuándo volverá e intentando recordar cuándo te dijo que estaría de vuelta.
Aunque no quieras admitirlo, te das cuenta de que no te hace tanta falta como llegas a pensar a veces, pero seguirías dando la vida por estrecharle entre tus brazos y necesitarle a tu lado cada segundo.
Buscas en cada esquina una oportunidad para romper a reír y te permites tantear posibilidades que hace poco estaban prohibidas.
La verdad, aún no sé si me estoy volviendo loca o es que la vida me sonríe de nuevo.
miércoles, 13 de junio de 2012
A LA LUZ DE TUS PIERNAS
Se pierde el humo de un peta mal hecho en la trastienda de un almacén que encierra los mismos suspiros con los que empañabas los cristales de su coche.
Por aquel entonces, echada en ese colchón robado que había perdido ya la cuenta de todos los que pasaron por él cada noche, no te resultaba raro pensar que no hubiera nada más fuera de esas cuatro paredes. Tampoco creías que hubiera algo que no se pudiera curar con un poco de alcohol y un par de besos sucios.
No sabías que esa sonrisa a medias acabaría por hacer noche en cada rincón de esa oscura habitación. Te perdiste entre sus ojos oscuros y entre cada una de las palabras que te susurraba al oído antes de desabrocharte la blusa.
Tengo que admitir que una vez estuviste cerca. Pero te desvaneciste junto al comienzo de la primavera, mientras perdía la inocencia. Mientras ese sol de abril acariciaba mi piel y los pocos hilos de cordura que me quedaban se perdían por completo.
Te costaba imaginar que algún día saldrías de ahí más segura de lo que habías entrado. Una estancia con el amor menos amor de todos y un remolino de sábanas desencajadas por cada nueva conquista.
Eran días en los que el amor era una quimera, la felicidad una utopía y la vida una odisea.
Por aquel entonces, echada en ese colchón robado que había perdido ya la cuenta de todos los que pasaron por él cada noche, no te resultaba raro pensar que no hubiera nada más fuera de esas cuatro paredes. Tampoco creías que hubiera algo que no se pudiera curar con un poco de alcohol y un par de besos sucios.
No sabías que esa sonrisa a medias acabaría por hacer noche en cada rincón de esa oscura habitación. Te perdiste entre sus ojos oscuros y entre cada una de las palabras que te susurraba al oído antes de desabrocharte la blusa.
Tengo que admitir que una vez estuviste cerca. Pero te desvaneciste junto al comienzo de la primavera, mientras perdía la inocencia. Mientras ese sol de abril acariciaba mi piel y los pocos hilos de cordura que me quedaban se perdían por completo.
Te costaba imaginar que algún día saldrías de ahí más segura de lo que habías entrado. Una estancia con el amor menos amor de todos y un remolino de sábanas desencajadas por cada nueva conquista.
Eran días en los que el amor era una quimera, la felicidad una utopía y la vida una odisea.
viernes, 1 de junio de 2012
Dibujando Primaveras
Ella no sabe como escribir sobre la felicidad.
Sobre la simplicidad de los pequeños detalles y los días que se hacen cortos. Sobre esa sonrisa suya que juega con sus labios hasta hacerse ver. Sobre si es mayo y hace calor y sobre que ha abandonado ya las bibliotecas y los cafés de media tarde.
La misma calle de siempre teñida con nuevas miradas.
Una cerveza fría en una ciudad con mar.
Un bar ya viejo del cual no recuerdas ni la música que sonaba entre las copas de más.
El humo del segundo cigarro de la noche y los planes improvisados de la primera tarde de junio.
Las miradas son la respuesta a todo lo que no te atreves a preguntar...o a decir. Y eso Ella lo sabe. Igual que sabe que has seguido llorando por él al cerrar la puerta para irte a casa. O que los domingos por la tarde existen para pararte a pensar dos veces.
Su pelo está más oscuro que hace un año; más largo y mas rebelde, como sus ganas. Se muerde el labio inferior y sacude la mano interpretando una canción en esa guitarra imaginaria que no sabe tocar.
Oye un susurro que crece y se hace más fuerte;
aquí nada nos ata, pisa la vida y arranca, que esto no ha hecho más que empezar.
Sobre la simplicidad de los pequeños detalles y los días que se hacen cortos. Sobre esa sonrisa suya que juega con sus labios hasta hacerse ver. Sobre si es mayo y hace calor y sobre que ha abandonado ya las bibliotecas y los cafés de media tarde.
La misma calle de siempre teñida con nuevas miradas.
Una cerveza fría en una ciudad con mar.
Un bar ya viejo del cual no recuerdas ni la música que sonaba entre las copas de más.
El humo del segundo cigarro de la noche y los planes improvisados de la primera tarde de junio.
Las miradas son la respuesta a todo lo que no te atreves a preguntar...o a decir. Y eso Ella lo sabe. Igual que sabe que has seguido llorando por él al cerrar la puerta para irte a casa. O que los domingos por la tarde existen para pararte a pensar dos veces.
Su pelo está más oscuro que hace un año; más largo y mas rebelde, como sus ganas. Se muerde el labio inferior y sacude la mano interpretando una canción en esa guitarra imaginaria que no sabe tocar.
Oye un susurro que crece y se hace más fuerte;
aquí nada nos ata, pisa la vida y arranca, que esto no ha hecho más que empezar.
domingo, 27 de mayo de 2012
Entre tonos de gris
A veces el frío se adueña de un corazón inocente, igual que se adueñó el invierno de 1941 de la vida de millones de personas.Irrumpiendo sin avisar. Condenándote a vagar entre la amargura y la tristeza, preso de la congoja, de la angustia y el pavor.
Se congela el corazón y se apaga la mirada. Los latidos son más tenues y, los suspiros, más frecuentes.Te alimentas de recuerdos dulces que se deshacen en lágrimas saladas. Sale a hacer frente a la vida envuelto en el calor de una bufanda.
Su cuello se arropa entre el algodón, su pecho se arrebuja en la oscuridad de una chaqueta y él aprieta los labios para no llorar.
Navega en un mar de whisky que ya ahoga sus entrañas y da otra calada a un Malboro que se consume con prontitud, preso de esos labios que buscan nublar la claridad de la realidad que los contamina. Pasea por los lugares de siempre, pero esa noche oscura aclara tantas dudas que hasta esa ciudad bonita se vuelve hosca y torva.
Cautivo de aquello que no tuvo. De lo que le fue arrebatado. De todo lo que jamás le será devuelto. Recluso por el tiempo que se escapa fugaz entre las letras de un te quiero nunca dicho. Igual que el frío infierno en un gulag de Siberia.
Hace una mueca de disgusto al pensar en este mundo asqueado. Los impuestos suben y los sueldos bajan. Los bolsillos se llenan de monedas sueltas y de promesas huecas. Hace tiempo que no cree en esa justicia de la que ya sólo las leyendas hablan. Observa los rostros de la gente y sólo encuentra una cosa en común. Se siente culpable por hablar demasiado tarde. Lucha por sobrevivir cada día.
Anda buscando esa franja de luz dorada abriéndose paso en el horizonte entre el humo y la suciedad.
Pero de nada sirve soñar si tu corazón acuna el miedo.
Se congela el corazón y se apaga la mirada. Los latidos son más tenues y, los suspiros, más frecuentes.Te alimentas de recuerdos dulces que se deshacen en lágrimas saladas. Sale a hacer frente a la vida envuelto en el calor de una bufanda.
Su cuello se arropa entre el algodón, su pecho se arrebuja en la oscuridad de una chaqueta y él aprieta los labios para no llorar.
Navega en un mar de whisky que ya ahoga sus entrañas y da otra calada a un Malboro que se consume con prontitud, preso de esos labios que buscan nublar la claridad de la realidad que los contamina. Pasea por los lugares de siempre, pero esa noche oscura aclara tantas dudas que hasta esa ciudad bonita se vuelve hosca y torva.
Cautivo de aquello que no tuvo. De lo que le fue arrebatado. De todo lo que jamás le será devuelto. Recluso por el tiempo que se escapa fugaz entre las letras de un te quiero nunca dicho. Igual que el frío infierno en un gulag de Siberia.
Hace una mueca de disgusto al pensar en este mundo asqueado. Los impuestos suben y los sueldos bajan. Los bolsillos se llenan de monedas sueltas y de promesas huecas. Hace tiempo que no cree en esa justicia de la que ya sólo las leyendas hablan. Observa los rostros de la gente y sólo encuentra una cosa en común. Se siente culpable por hablar demasiado tarde. Lucha por sobrevivir cada día.
Anda buscando esa franja de luz dorada abriéndose paso en el horizonte entre el humo y la suciedad.
Pero de nada sirve soñar si tu corazón acuna el miedo.
jueves, 24 de mayo de 2012
M.
Y vuelves a sentirte así. Pequeñita. Frágil. Débil. Tu, que
habías aguantado todos los golpes. Tu, que ya no buscabas eso que la gente
llama amor.
Mayo se gira y se ríe. Te susurra al oído que aún quedan un par de
días para que pueda hacer de las suyas. No
pensarías que te ibas a escapar, ¿verdad?
Intentas contener las
lágrimas y hacerte fuerte. No, el pasado no puede perseguirte de esa manera.
Pero parece que alguien ha abierto ese rincón de tu corazón cabeza que
estaba sellado y ha dejado que los recuerdos se escapen a intervalos. Cuando
menos lo esperas. Cuando más duelen. Cuando empiezas a pensar que Mayo ya no
puede hacerte daño. Entonces aparece ese maldito mes con la sonrisa en los
labios y evoca viejas memorias. De las que se abren pase entre las heridas
cicatrizadas y te golpean de nuevo. De las que juraste olvidar y no recordar
nunca.
¿Pensabas que me había olvidado?
Tranquila, que no estás sola. Vengo a hacerte compañía, y traigo miles de imágenes congeladas en el tiempo, fotografías instantáneas
sacadas de tu propia memoria. No te preocupes que yo me encargo; no voy a dejar
que te olvides de nada. Siempre estaré aquí, a tu lado.
domingo, 20 de mayo de 2012
young homie
Últimamente la cabeza le duele horrores. Le hiere.
Hace que cierre los ojos durante unos minutos y se pierda el reír del sol.
Será el olor a biblioteca, a libros, a apuntes, a mates.
Últimamente se acuerda más del amor, pero sólo antes de dormir. Cae rendida mientras te imagina saliendo de una estación de tren y estrecharla entre tus brazos mientras susurras 'por fin'.
A veces imagina cómo sería querer a otro que no fueras tu. Alguien que la vaya a buscar después de clase y finja no verla entre la gente. Alguien que no entienda de palabras y la mate a besos por la mañana. Alguien que cosa disfraces a sus días malos y los convierta en buenos, que le saque la lengua cuando se ponga tonta y le haga enmudecer.
El tiempo pasa tan deprisa que que ni ella misma sabe cómo ha sobrevivido. A estar sola. A ese no sé en aquel abril que partió sus esquemas y rompió sus planes. A un invierno sin su calor. A un febrero sin rastro de él pero sí de recuerdos(que el muy cobarde se fue sin dejar huella; en silencio y por la puerta de atrás).
Sólo queda el último apretón y los últimos madrugones. Los últimos metros de media mañana y los últimos sorbos a esa agua embotellada o cocacola que consigue mantenerla cuerda. Los últimos días de un mes que hace un año casi la hicieron desaparecer. Quedan un par de soles antes de dejar Valencia y perderse entre las calles de cualquier otra ciudad que acune sus sueños y le den bocas nuevas que probar.
Mayo se acaba pero ella busca comerse el mundo. El mundo...y un poco más de ti.
Hace que cierre los ojos durante unos minutos y se pierda el reír del sol.
Será el olor a biblioteca, a libros, a apuntes, a mates.
Últimamente se acuerda más del amor, pero sólo antes de dormir. Cae rendida mientras te imagina saliendo de una estación de tren y estrecharla entre tus brazos mientras susurras 'por fin'.
A veces imagina cómo sería querer a otro que no fueras tu. Alguien que la vaya a buscar después de clase y finja no verla entre la gente. Alguien que no entienda de palabras y la mate a besos por la mañana. Alguien que cosa disfraces a sus días malos y los convierta en buenos, que le saque la lengua cuando se ponga tonta y le haga enmudecer.
El tiempo pasa tan deprisa que que ni ella misma sabe cómo ha sobrevivido. A estar sola. A ese no sé en aquel abril que partió sus esquemas y rompió sus planes. A un invierno sin su calor. A un febrero sin rastro de él pero sí de recuerdos
Sólo queda el último apretón y los últimos madrugones. Los últimos metros de media mañana y los últimos sorbos a esa agua embotellada o cocacola que consigue mantenerla cuerda. Los últimos días de un mes que hace un año casi la hicieron desaparecer. Quedan un par de soles antes de dejar Valencia y perderse entre las calles de cualquier otra ciudad que acune sus sueños y le den bocas nuevas que probar.
Mayo se acaba pero ella busca comerse el mundo. El mundo...y un poco más de ti.
viernes, 18 de mayo de 2012
hasta el último de mis días...y más
A veces se pregunta qué habría sido de ella si no hubieses decidido olvidarla ese mayo que volviste gris. Convertiste cada uno de sus días en un otoño frío que encoge el corazón. Te adueñaste de cada lágrima que asomaba por sus ojos en esas noches donde sólo necesitaba un poco de amor; un poco de ti. Juró olvidarte tantas veces que perdió la cuenta mientras descubría que Maldita Nerea había atrapado cada migaja de vuestro amor en cada una de sus canciones. Descubrió el lado amargo del amor, el feo, el desgarrador, encogida en la cama, rodeada con sus propios brazos para evitar que se extraviasen más pedacitos de su corazón, arañándose las mejillas inundadas en lágrimas buscando una respuesta, buscando un por qué. Intentando olvidar que le quedaba por delante todo un verano. Un verano tan lleno de planes pero tan vacío de ti. Daba tanta pena que hasta la soledad se apiadó de ella y se ofreció para darle un poco de calor en ese mayo que paralizó su vida, detuvo el tiempo y duró mil soles. Pero no fue hasta ese concierto con olor a tierra y a estío que decidió dejar de odiarte, aunque sólo fuera por el echo de que quererte tanto lo hacía imposible. Y fue ahí cuando dejó de tantear teorías y se dispuso a ignorar todas aquellas preguntas a las cuales todavía era incapaz de asignar una respuesta convincente y que pareciera creíble. Te buscó tantas noches sin encontrarte que decidió empezar a ser feliz ella sola, sin que tu fueras el causante de cada una de sus sonrisas. Aprendió que el amor no entiende de razones y que hay finales que no tienen ni final. Que no es posible dejar de amar aunque los kilómetros se interpongan y el viento tenga prohibido gritar tu nombre. Que un solo abrazo es capaz de derribar la coraza del corazón más orgulloso y magullado. Que no hay que olvidar, sino recordar con gratitud. Aprendió que es cierto eso de que los golpes te hacen más fuerte y, poco a poco, consiguió perder el miedo a volver a amar. Se armó de valor para volver a comerse el mundo con su sonrisa, sin necesidad de tacones de vértigo ni de copas de más. Descartó las bocas de una sola noche y cualquier sentimiento de culpa. Dejó de refugiarse cada noche en sus manos, ávidas por escribir y desahogar su pobre corazón. De intentar llenar ese vacío tan agudo y denso con palabras que se desangraban a cada letra, que destapaban un dolor helado, frío, gélido. Y quizá ahora es eso lo que más añora, y sin duda alguna lo mejor que le dejaste. La inspiración que ahora se hace de rogar y que a veces ni llega. Y es que hay que estar jodido. Que no es casualidad que se escriba lo mejor cuando se está mal. Y ahora sabe que cada letra y página, cada punto y cada coma que escribió aquel verano fue su salvación. Que le enseñaste a sentir de una manera que sólo el papel es capaz de comprender; que le diste razones para escribir. Que le enseñaste a apreciar el amor con todos y cada uno de sus matices, consiguiendo que se le incendiara el miocardio al imaginar tus labios rozando los suyos.
Y gracias a ese mayo cuyo aliento expiraba frialdad a cada paso, hoy sé con certeza que si no hubiese sido por tu ausencia, jamás habría descubierto todo el bien que hiciste en mí. Y lo que más me atemoriza, no habría descubierto que eras tu al que yo tenía que querer a pesar de las distancias, el tiempo y el silencio.
Y gracias a ese mayo cuyo aliento expiraba frialdad a cada paso, hoy sé con certeza que si no hubiese sido por tu ausencia, jamás habría descubierto todo el bien que hiciste en mí. Y lo que más me atemoriza, no habría descubierto que eras tu al que yo tenía que querer a pesar de las distancias, el tiempo y el silencio.
viernes, 11 de mayo de 2012
I'M STARTING TO SEE CLEAR NOW
Vuelve a sentirse viva. Tal vez es porque su piel ya sabe a sal, o porque el sol le hace compañía y no se siente tan sola. Tal vez es ese sabor dulce, con ganas de helado, que te dice que ya hace calor. Que te miro y me dan ganas de reír.Puede que tenga algo que ver esa ventanilla abierta a 60km/h, o mis dedos moviéndose al compás sin recelo. O la arena fina que aún no quema. Igual es que las uñas ya están pintadas de azul, o que las colas pierden la importancia. Puede que sea simplemente una bocanada de aire fresco, que ya sabe a verano, cuando nace un plan inesperado y te encuentras buscando aventuras a las 3 del mediodía. No sé si la razón es que se escapa de la rutina, que ríe sin que seas tu el causante de su sonrisa o que simplemente no hay motivo alguno, y ese sin sentido la hace feliz.
viernes, 4 de mayo de 2012
escribo por los que no escriben pero sí lo sienten
Es no saber cómo calmar esa rabia.
En días en donde el sol ya hace tiempo que se esconde y no se deja ver. En días en los que incluso el orgullo te susurra que has hecho demasiado daño. Y te dan ganas de gritar. De gritar y de salir corriendo. Hasta alcanzar la primavera. Pero das un portazo y te encierras en esa habitación que se encoje y lloras.
Y puede que eches de menos su abrazo, pero tampoco te dio uno nunca.
Porque de nada le sirve una pizca de calor una vez a la semana; sabe a poco. Y últimamente lo que necesita es amor.
Busco en cada esquina un motivo para contar hasta 10 y respirar. Busco una mañana en la que, tal vez, pueda atreverme a preguntar por qué.
Pero mientras, me oculto en el silencio. Y es que esconde tantas verdades como promesas se han hecho a la luna.
Y en una colcha azulada silencio mis penas, apiladas entre los recuerdos que a veces me hacen de compañía cuando pienso en ti.
En días en donde el sol ya hace tiempo que se esconde y no se deja ver. En días en los que incluso el orgullo te susurra que has hecho demasiado daño. Y te dan ganas de gritar. De gritar y de salir corriendo. Hasta alcanzar la primavera. Pero das un portazo y te encierras en esa habitación que se encoje y lloras.
Y puede que eches de menos su abrazo, pero tampoco te dio uno nunca.
Porque de nada le sirve una pizca de calor una vez a la semana; sabe a poco. Y últimamente lo que necesita es amor.
Busco en cada esquina un motivo para contar hasta 10 y respirar. Busco una mañana en la que, tal vez, pueda atreverme a preguntar por qué.
Pero mientras, me oculto en el silencio. Y es que esconde tantas verdades como promesas se han hecho a la luna.
Y en una colcha azulada silencio mis penas, apiladas entre los recuerdos que a veces me hacen de compañía cuando pienso en ti.
lunes, 23 de abril de 2012
∞
Días en los que la autosuficiencia no basta, y tu corazón te pide un poco de amor. Un lunes que se transforma en domingo y vuelves atrás en el tiempo.
Un año de sonrisas permanentes ancladas a tu rostro.
El amor que se deja entrever ese invierno al que aun le queda frío.
Escribir de forma apresurada, desbordada, alocada, mientras tus dedos se mueven solos y la imaginación no cesa, presa de esas palabras que nacen solas y se colocan una al lado de la otra.
Un abrazo que es abrazo, aunque tu no estés.
Una historia que, de alguna forma, sigue esperando un comienzo.
Tiempo para renacer, para pensar, para hacerte más fuerte mientras descubres lo mucho que has cambiado sin darte cuenta, y comprendes que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y una sonrisa para regalarte.
Entender que la parte fea de la historia sólo está para enseñarte a aguantar los golpes, y que recordar lo bueno te arrancará sonrisas aun cuando hayan pasado años.
Que los impulsos que hacen a un lado tu orgullo reciben respuestas que ponen las cosas en su lugar para que puedas respirar por primera vez en mucho tiempo. Aunque parezca que la historia se repita.
A veces, cuando menos te lo esperas, te das cuenta de que alguien te amó, y eso significa que alguien te volverá a amar. Eso te hará sonreír.
Un año de sonrisas permanentes ancladas a tu rostro.
El amor que se deja entrever ese invierno al que aun le queda frío.
Escribir de forma apresurada, desbordada, alocada, mientras tus dedos se mueven solos y la imaginación no cesa, presa de esas palabras que nacen solas y se colocan una al lado de la otra.
Un abrazo que es abrazo, aunque tu no estés.
Una historia que, de alguna forma, sigue esperando un comienzo.
Tiempo para renacer, para pensar, para hacerte más fuerte mientras descubres lo mucho que has cambiado sin darte cuenta, y comprendes que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y una sonrisa para regalarte.
Entender que la parte fea de la historia sólo está para enseñarte a aguantar los golpes, y que recordar lo bueno te arrancará sonrisas aun cuando hayan pasado años.
Que los impulsos que hacen a un lado tu orgullo reciben respuestas que ponen las cosas en su lugar para que puedas respirar por primera vez en mucho tiempo. Aunque parezca que la historia se repita.
A veces, cuando menos te lo esperas, te das cuenta de que alguien te amó, y eso significa que alguien te volverá a amar. Eso te hará sonreír.
domingo, 15 de abril de 2012
70km NOS SEPARAN
Me encuentro, algunas noches al azar, pensándote. Como si no hubiese pasado casi un año sin saber de ti. Con la cabeza llena de pájaros, como si aun hoy todo fuera posible. Pero ahora soy feliz, a pesar de que la inspiración llega tarde, si llega.
Y te imagino paseando bajo el cielo nublado de París, observando el cartel de esa juguetería igual que observé yo tus fotos viejas cuando me permití volver a mirarlas.
No pretendo que lo que escriba sea bonito, ni que creas que no he conseguido olvidarte. Lo admito, lo segundo es imposible, pero es verdad que ahora, nada me ata a ti. Que no costaría tanto dejarte ir, y que esta vez no lloraría. Sabes que nunca te olvidé, y que nunca lo haré. Y ahora sé que tu tampoco lo harás. Y con eso me sirve. Ya me has dado mucho más de lo que pedía y mucho más de lo que merecía. Porque ni todas las rosas son rojas ni los adiós son para siempre. Que los cuentos de princesas son más bien una saga de aventuras y guerras, y que los príncipes existen, solo que ni son perfectos ni visten de azul. Que cada día que pasa cuenta, como cuentan las milésimas en una competición de Fórmula 1. Que si no eres tu, será otro, pero que si no soy yo, estoy perdida. A veces se necesita tiempo para darte cuenta de las cosas; para comprender que no hay que olvidar, sino perdonar.
domingo, 1 de abril de 2012
romance a corto plazo
Es que a veces el mundo es un cobarde y tienes que buscar tu misma la manera de
encontrar la primavera. Que los amores son muy cortos y los recuerdos
demasiado largos. Que te asaltan las penas en una habitación amarilla de niña,
demasiado pequeña como para albergar tus dudas de mujer. Y Valencia se
despierta cansada en otro domingo de autosuficiencia.
No es que no crea en el amor, es que el amor
ha deicidio no creer en mí. Y mira que esta ciudad es el lugar
perfecto para enamorarse. Esconde tantas esquinas que todavía esperan un beso a
medianoche. Pero pierdes seguridad y ganas miedo. Y te limitas a escuchar canciones
de amor que esperas algún día poder comprender.
Y es que la gente se alimenta de amor, y tu hace tiempo que no
pruebas ni un bocado.
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