Y vuelves a sentirte así. Pequeñita. Frágil. Débil. Tu, que
habías aguantado todos los golpes. Tu, que ya no buscabas eso que la gente
llama amor.
Mayo se gira y se ríe. Te susurra al oído que aún quedan un par de
días para que pueda hacer de las suyas. No
pensarías que te ibas a escapar, ¿verdad?
Intentas contener las
lágrimas y hacerte fuerte. No, el pasado no puede perseguirte de esa manera.
Pero parece que alguien ha abierto ese rincón de tu corazón cabeza que
estaba sellado y ha dejado que los recuerdos se escapen a intervalos. Cuando
menos lo esperas. Cuando más duelen. Cuando empiezas a pensar que Mayo ya no
puede hacerte daño. Entonces aparece ese maldito mes con la sonrisa en los
labios y evoca viejas memorias. De las que se abren pase entre las heridas
cicatrizadas y te golpean de nuevo. De las que juraste olvidar y no recordar
nunca.
¿Pensabas que me había olvidado?
Tranquila, que no estás sola. Vengo a hacerte compañía, y traigo miles de imágenes congeladas en el tiempo, fotografías instantáneas
sacadas de tu propia memoria. No te preocupes que yo me encargo; no voy a dejar
que te olvides de nada. Siempre estaré aquí, a tu lado.
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