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domingo, 13 de octubre de 2013

Quizás sea el mar

No sabe que si las estrellas gritaran, él rompería los cristales del cielo.
Igual que me rompe el sueño cuando me besa las cosquillas.
Llenaría todos los cajones de mi vida con su olor. Y así, poder encontrarle en cada esquina si le pierdo. 
Tiene los ojos del color del café. Y eso que a mí, el café, nunca me ha gustado. Pero me bebería toda una puta taza hasta encontrarme reflejada en sus pupilas.
Y ahora si me hablan de incendios, más que en abril, pienso en su cama.
En cómo ha entrado como nadie en este montón de ruinas y se ha puesto a arreglar las grietas por todo el corazón. No le importó que me hubiesen dejado a medio destruir, sin destrozarme del todo. Como el que quiere marcharse sin hacer ruido y sale por la puerta de atrás llevándoselo todo por delante.
Él, me abrazaba. Y entonces entendía eso de que hay personas, que están hechas a medida. 
Y yo lo sabía. Que él no se merecía probar el frío. Que no tenía que conocer el invierno ni el infierno de una cama sin calor.
Pero cómo lo ibais a entender si no os habéis perdido en el precipicio de su mirada.
Si no os habéis colgado del borde de sus comisuras y habéis recorrido el mundo sin saliros de su boca.
A veces, me lo pregunto. Cómo una persona con tanta vida se ha conformado con un par de escombros que no supieron ni cómo prender. Cómo no ha echado a correr. A buscar a alguien que si se rompe, al menos sepa cómo lo tiene que hacer. 
Colisionó con mis tropiezos. Con mi constante manía de deshacerlo todo. De dejarme perder. 
Y sonrió.
Y que me maten ahora si en ese momento no juré sobrevivir a cualquier invierno por esa sonrisa. 
A veces me pregunto qué tiene esta ciudad que no deja que sanemos del todo, que se quede todo a medio empezar acabar. No sabe que si las estrellas gritaran, le romperían hasta las farolas para dejarla a oscuras, sólo por verla temblar.



lunes, 30 de septiembre de 2013

Que sólo si dueles, vuelvo a ser yo

Dice que es sábado
pero que parece domingo. 
O que se acaba la semana 
y es justo recordar que en la guerra quedaron batallas pendientes.

Que a veces falta el hombro sobre el que quieres llorar.
O que ella se ha marchado lejos 
y te ha dejado aquí.

Dice que no quiere encerrar
los días que siguen sabiendo a doses rotos, 
que le ayudan a vivir más fuerte, 
aunque le rompan los tensores a golpe de lágrima frustrada.

Dice que a veces echa de menos ser cuatro, 
o que sean tres sin él.

Que el mal humor 
aún te guarda como compañero, 
y que sus ojos verdes a veces huelen a mar.

Dice que desconocía esa sonrisa,
esa que se le escapa cuando le encuentran las cosquillas.
Que había perdido la esperanza de encontrarse,
y más aún de encontrar a alguien que sin ser febrero, sigue siendo amor.

Dice que quiere vivir sobreviviendo a esos dos o tres años de vuelta a las andadas.
Que ha encontrado el camino hasta tu cama, 
y las coordenadas exactas del lunar de tu barriga.

Dice que las mañanas son mejores si están revueltas,
enredadas entre la piel de tus sábanas,
enmarañadas como las noches de fiesta con las medias rotas.

Y dice que le cuesta escribir.
Que no sabe si se le han ido las fuerzas,
o las ganas,
o...
..o si es el invierno que se le está derritiendo.

Me lo susurra despacio,
casi viento,
que ya no sabe como sacar lo que le rasca por dentro,
si el único que rascaba eras tu.




'Sé que dejaste huella, para que no pudiera ser sin ti'.


sábado, 13 de julio de 2013

Con más tormentas que perder y menos bocas que sanar

A veces ocurre que te encuentras una tarde en el 89 perdiendo las ganas de seguir el ritmo.
A veces ocurre que buscas algún motivo que te haga llorar sin contar hasta setenta.
A veces ocurre que llega julio, y tus preocupaciones se multiplican por cuatro. Dos años más tarde y casi nueve meses más feliz. 
Ocurre que dentro de ocho días, volverás a comprobar que el tiempo sigue revolviendo los inviernos.
Ocurre que hay gente que desafina los momentos que estaban sincronizados.
Ocurre que la vida no es siempre justa. Que los corazones se rompen y los recuerdos nunca se olvidan. Que se pierde la intensidad pero nunca la sonrisa. Que acabas con mil notas escondidas y los ojos rojos de tanto llorar. 
Ocurre que las heridas se cierran pero nunca llegan a cicatrizar. Que a veces duele más hablar del futuro, de los planes, de las opciones, de las alternativas. 
Ocurre que conoces nuevas vidas y desconoces bocas que solías entender. Que acabas creciendo con tanta caída tonta. Y descreciendo con tanto volver a caer.
Pierdes asaltos inciertos y ganas batallas perdidas. Y te dejas el corazón por el camino. Por si él decide volver a buscarte y lo encuentra. 
Pero hay veces en que le das la vuelta al mundo y se te descolocan las ganas de perder. Y se te colocan los planes, las opciones, las alternativas y las ansias de querer.
Hay veces en que abandonas la sonrisa perdida y resguardas los días que te la supieron dar.
Y ocurre que se te pasa la vida esperando al 32.
Que desaparecen incertidumbres asfaltadas contra el tiempo y (des)aparecen corazones escarchados al latir.

martes, 14 de mayo de 2013

Que aquí tu pequeña crece,y tu ya no tienes ni idea

Esto parece una montaña rusa.
Que si te olvido y me persigues.
Que si te busco y no te encuentro.
Y de repente me veo hablando de amor al mediodía y no puedo esconder la sonrisa.
Y luego vuelvo a casa y me desespero entre los libros que me dicen que cada vez ya queda menos.
Parecía mentira que en una vida tan corta pudiera aprenderse tanto. Que podamos cambiar el amor por desamor en cuestión de meses. Que ya no sepa de ti. Que acabara con un corazón tan roto. 
Parecía mentira que pudiera llegar el día en que no te necesitara a mi lado. Aunque a veces me canse de fingir y no sea capaz de no echarte de menos.
Pero la vida ha seguido acelerando. 
Ha seguido ganando y he ganado sintiendo.
Han pasado días.
Han pasado vidas, y cielos y canciones.
Has pasado tu.Y tu febrero y aquel abril que se quedó atascado entre el miedo y tu puta indecisión.
Y te he buscado. Los días en los que ni el orgullo me quitaba las ganas de escucharte decir que todo iría bien. Las noches en que necesitaba saber que alguien; que tu, seguías creyendo en mi. Y me duele saber que si he sido fuerte, no ha sido gracias a ti.
Ha sido por este verano. Por los viajes en tren y las horas muertas. Por un 21 de octubre y un 18 de enero. Por las sonrisas torcidas, el lunar en la barriga, el pelo revuelto y un pequeño Tambor. Por mis ojos, mis labios y mi orgullo. Por su boca, su dulzura y su sonrisa. No tenía ni moto ni horas largas cara a la pantalla. No tenía tu facilidad de arreglar descosidos. Ni siquiera conocía el amor. Pero, ¿sabes? Tiene ganas de mí y de mis cambios de humor. Tiene esa forma de mirar que sé que aún no me he ganado. Tiene cinco sonrisas que me vuelven loca y tres razones para hacerme feliz. 
El problema fue que no eras tu, que dolía cambiarte. 
¿La solución? 
Que era él. Y por eso me arregló el corazón en vez de dejarme sola.

lunes, 15 de abril de 2013

Despiértame cuando termine septiembre

Son días que pesan. Que te arrancan la sonrisa a la hora de dormir. Ni si quiera me gusta el café. Para qué hablar de los exámenes. Hoy faltarían dos semanas. Ahora faltan las ganas y las razones. Faltan minutos a las horas y horas a mis días. Faltan tus manos a 70 kilómetros de aquí, detrás de la pantalla. Y no puedo. No si te echo de menos y se me rompen las tardes intentando ordenar los esquemas. Y como siempre, cerrar los ojos, subir el volumen y respirar hondo. Vaciar el corazón humedeciendo los párpados. Y a seguir. Con la cabeza un poco más tranquila. Con los recuerdos un poco más revueltos. Conmigo, sin ti.

domingo, 14 de abril de 2013

miércoles, 20 de marzo de 2013

De esos ojos tristes que mueren por vivir

Tenía miedo de quedarme sola. De perder la sonrisa. Llegó el amor y te marchaste tu. 
No entiendes a la vida hasta que tropiezas con ella y se te para el corazón en mitad de un latido. 
Pero las cosas son así. Hay cientos de folios que esconden un corazón en alguna esquina. Besos que buscan restos de un amor marchito y canciones que humedecen el orgullo. 
Y luego están las personas fuertes. Las que buscan comerse la vida sin quitarle las espinas primero. Esas que parecen brillar. Y joder si brillan. 
Tendríamos que aprender a reír. Tendríamos...tendríamos que enamorarnos más, y más a menudo. Enamorarnos de esos zapatos caros. De los ojos verdes, de la pasta rellena, el agua fría y los días de lluvia . De esa puta sonrisa que te para el corazón y cala hondo. De esa vida falsa que te pone la zancadilla un viernes y te lo compensa año y medio después. Cuando ya has dejado de creer en ella.
Habría que fijarse más y suponer menos. Que la gente mala no existe, sólo los golpes duros que pueden con nosotros. Y que las miradas perdidas no son sólo corazones rotos. Que los que entienden las palabras son los que han estado realmente jodidos, posiblemente, los únicos que conozcan el desamor. Y los demás, no saben de qué hablan.
Deberíamos pedir más
Yo ahora mismo pediría más tiempo. Mas días de fallas y más días de ti. Pediría un helado y los primeros segundos de una canción que me haga sonreír. Dormir a gusto. El agua caliente de la ducha después de una tarde de lluvia. Volverte a decir que te quiero. 
Y luego, luego nada. O quizás todo. Quién sabe.Puede que perder la cabeza. Puede que ganarle al amor.



martes, 12 de febrero de 2013

Apostamos corazones que morían por latir

Tenía esas ganas de vivir que a veces me quitaba el aliento. Tenía chicas de sobra y besos de más. Yo jugaba a esconderme entre las ganas, detrás de mi sonrisa.
Podría hablar de enero. De febrero y sus exámenes. De la nieve, de las acampadas improvisadas y de las camisas verdes.
Podría hablar del momento en que el frío dejó de importarme. De los minutos que empezaron a hacerse cortos y los segundos que se hicieron largos. 
No sé si fue difícil perderse o simplemente fue fácil dejarse llevar.
Sólo sé que llegó un final que desembocó en comienzo. Que cambié de labios, de ciudad y de color de pelo. Pero no de mar. 
Seguía recordando en noches al azar. Seguía haciéndome sentir tan grande y a la vez tan pequeña. Había estado jodidamente perdida. Jodidamente enamorada.
Pero ahora podría asaltar mil silencios hasta colgarme de sus labios. Ahora hablaría de él. Del lunar de su barriga y su cabello desordenado. De cómo el sudor de su frente y mi respiración entrecortada buscan darme las razones que había pedido.
Ahora parece fácil. Parece incluso tener sentido. 
Que pudiera perderme tanto yo sola para perderme ahora tanto con él.

miércoles, 2 de enero de 2013

Carta del 2012

Este año ha sido grande. Has sido grande. Empezaste llorando cuando nadie te veía los recuerdos de un amor que ya había terminado. Te hiciste fuerte y tomaste una decisión que cambió cuando llegó la hora de la verdad. Confiaste el secreto de un amor una tarde de frío a las puertas de la facultad. Hiciste a un lado el orgullo y dejaste que el corazón hablara un 3 de marzo que te devolvió la sonrisa. Y entonces volviste a respirar. Ordenaste vidas y desencajaste sábanas. Vaciaste vasos y llenaste la caja de zapatos. Marcaste labios con un par de besos sucios, pero rechazaste a cualquier chico de la zona que intentara conocerte. Y entonces llegó junio y te diste cuenta de que estabas cansada de esperar. De que ya eras fuerte. De que querías seguir, con o sin él. No necesitaste su respuesta, sólo la brisa fresca de Pirineos y un par de conversaciones a orillas del río antes de desayunar. Después desapareciste entre vías, trenes y capitales y encontraste sonrisas al otro lado del teléfono. Sonrisas antes de dormir y el recuerdo de unas manos que te abrazaron ese julio. Y entonces encontraste un octubre que te demostró que si pierdes el miedo aparecen las ganas de volverse a enamorar. Y así aparecieron las ganas de quererle, las ganas de él, de dormir en su cama y verle sonreír. Nunca te habrías imaginado que la ropa interior roja te llevaría hasta sus labios. Ni que te enamorarías de la curva entre su cuello y su hombro. Pero has añadido un uno y has aprendido a saltar.
Sin duda, este año ha sido grande. Has aprendido la diferencia entre estar enamorado y no dejar de querer. Te has despertado con la resaca de un amor que algunas noches arañaba el corazón. Has aprendido a no dejarte vencer y a perder el orgullo por quien de verdad vale la pena. Has aprendido que el alcohol no ayuda a olvidar, pero que también te da buenas noches. Que las personas más pequeñas esconden un corazón demasiado grande para esta ciudad. Que vale más la forma en que sus ojos te miran que cualquier par de manos al azar. Has encontrado una habitación desastrada con una cama alta. Y aún te preguntas cómo puede caber tanto amor en una estancia tan pequeña. Cómo pueden una colcha azul y su respiración entrecortada hacerte llorar de alegría. 
Empezaste el 2012 sin saber lo que querías. Pedías amor, buscabas olvidar y darle un respiro a tu agotado corazón. Y le encontraste a él y a sus cinco sonrisas.