A veces ocurre que buscas algún motivo que te haga llorar sin contar hasta setenta.
A veces ocurre que llega julio, y tus preocupaciones se multiplican por cuatro. Dos años más tarde y casi nueve meses más feliz.
Ocurre que dentro de ocho días, volverás a comprobar que el tiempo sigue revolviendo los inviernos.
Ocurre que hay gente que desafina los momentos que estaban sincronizados.
Ocurre que la vida no es siempre justa. Que los corazones se rompen y los recuerdos nunca se olvidan. Que se pierde la intensidad pero nunca la sonrisa. Que acabas con mil notas escondidas y los ojos rojos de tanto llorar.
Ocurre que las heridas se cierran pero nunca llegan a cicatrizar. Que a veces duele más hablar del futuro, de los planes, de las opciones, de las alternativas.
Ocurre que conoces nuevas vidas y desconoces bocas que solías entender. Que acabas creciendo con tanta caída tonta. Y descreciendo con tanto volver a caer.
Pierdes asaltos inciertos y ganas batallas perdidas. Y te dejas el corazón por el camino. Por si él decide volver a buscarte y lo encuentra.
Pero hay veces en que le das la vuelta al mundo y se te descolocan las ganas de perder. Y se te colocan los planes, las opciones, las alternativas y las ansias de querer.
Hay veces en que abandonas la sonrisa perdida y resguardas los días que te la supieron dar.
Y ocurre que se te pasa la vida esperando al 32.
Quedesaparecen incertidumbres asfaltadas contra el tiempo y (des)aparecen corazones escarchados al latir.
Ocurre que hay gente que desafina los momentos que estaban sincronizados.
Ocurre que la vida no es siempre justa. Que los corazones se rompen y los recuerdos nunca se olvidan. Que se pierde la intensidad pero nunca la sonrisa. Que acabas con mil notas escondidas y los ojos rojos de tanto llorar.
Ocurre que las heridas se cierran pero nunca llegan a cicatrizar. Que a veces duele más hablar del futuro, de los planes, de las opciones, de las alternativas.
Ocurre que conoces nuevas vidas y desconoces bocas que solías entender. Que acabas creciendo con tanta caída tonta. Y descreciendo con tanto volver a caer.
Pierdes asaltos inciertos y ganas batallas perdidas. Y te dejas el corazón por el camino. Por si él decide volver a buscarte y lo encuentra.
Pero hay veces en que le das la vuelta al mundo y se te descolocan las ganas de perder. Y se te colocan los planes, las opciones, las alternativas y las ansias de querer.
Hay veces en que abandonas la sonrisa perdida y resguardas los días que te la supieron dar.
Y ocurre que se te pasa la vida esperando al 32.
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