Te prometí amor y finales cruzados.
Busqué palabras que pudieran hacer justicia a cada uno de los días.
Intenté explicarlo hasta que me dí cuenta de que esa historia era sólo mía.
No intentes hablarle de amor al que sólo conoce sábanas desencajadas.
Qué sabrás tu de la forma que tenía mi corazón de decir su nombre. O de las sonrisas con dueño y sin razones. Del frío que puede esconder un verano y las decisiones que pueden marcar una vida.
Se marcha un septiembre más y tu te quedas con el dolor de cabeza y las cosas, un poco más claras.
Nunca te había visto tan pequeño como en esta noche. En la que hablabas de amar como si fuera un juego. Como si supieras lo que es. Como si fuera fácil.
No has contado las veces que he sonreído al escucharte y pensar en él. Y en mi. Que tu lo que necesitas ahora es alguien que te cuide. Que se siente contigo en el parque antes de cenar y te escuche decir que esto de la vida es muy complicado, con tan pocas respuestas y el móvil roto.
Pero aun es pronto para que te palpite el corazón y las canciones en vez de títulos lleven nombres. Tu todavía piensas que las rosas rompen las distancias y arreglan corazones. Y así vas, confundiendo lunas en noches claras.
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domingo, 30 de septiembre de 2012
miércoles, 12 de septiembre de 2012
020210
Nunca pierdes la esperanza hasta que en vez de sus buenas noches lo único que tienes son un par de lágrimas escondidas en la almohada. Y entonces te pierdes, entre tus ganas de decirle que nunca le quisiste y tu corazón que a gritos le echa de menos. Es difícil. Tratar de seguir adelante en un invierno improvisado, donde el frío viene de todas partes menos de fuera.
Y entonces, un día al azar, le encuentras en una canción. Y en vez del odio, esta vez el que llora es el corazón, escondido detrás de tu sonrisa, susurrándote que no ha habido nunca ni historia más bonita ni amor más amor.
Que sólo se ha quedado atrás el tiempo, que se olvidó de que crecíamos. El tiempo y un par de suspiros con aquello que nunca nos dijimos, y todo lo que se quedó por cumplir.
Pero estaba escrito que yo, sin tus manos, no era ni la mitad de 70. Y que mi orgullo no tenía nada que hacer contra tu recuerdo.
Ya no volvieron ni los inviernos en plena primavera ni las tormentas a la hora de dormir. Lo que volvió fue esa sonrisa que me encontraba las cosquillas y me encendía el corazón. Sonaba distinto, sonaba mayor. A caminos mezclados con mar. A California y a capitales. Pero sus te quiero siempre fueron iguales. A pesar de las idas y venidas. De las vueltas locas que dio la vida.
- ¿Sabes qué? (además de que te quiero)
+ ¿Qué?
- Que también me encantas
Siempre hubo tanto amor que fue imposible conformarme con menos.
Y entonces, un día al azar, le encuentras en una canción. Y en vez del odio, esta vez el que llora es el corazón, escondido detrás de tu sonrisa, susurrándote que no ha habido nunca ni historia más bonita ni amor más amor.
Que sólo se ha quedado atrás el tiempo, que se olvidó de que crecíamos. El tiempo y un par de suspiros con aquello que nunca nos dijimos, y todo lo que se quedó por cumplir.
Pero estaba escrito que yo, sin tus manos, no era ni la mitad de 70. Y que mi orgullo no tenía nada que hacer contra tu recuerdo.
Ya no volvieron ni los inviernos en plena primavera ni las tormentas a la hora de dormir. Lo que volvió fue esa sonrisa que me encontraba las cosquillas y me encendía el corazón. Sonaba distinto, sonaba mayor. A caminos mezclados con mar. A California y a capitales. Pero sus te quiero siempre fueron iguales. A pesar de las idas y venidas. De las vueltas locas que dio la vida.
- ¿Sabes qué? (además de que te quiero)
+ ¿Qué?
- Que también me encantas
Siempre hubo tanto amor que fue imposible conformarme con menos.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Siempre buscó nuevos sueños y olvidó segundas razones
Siempre habló de amores baratos y ganas embotelladas hasta que te hiciste dueño de su sonrisa sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Perdió su corazón un mes de abril y no lo recuperó hasta mucho después.
Recorrió pocas bocas sólo porque ninguna le llamaba enana de esa forma tan tuya.
Abandonó sus penas entre los acordes que le repetían que ya no estabas. Los mismos que le decían que había más miedo que kilómetros de por medio.
Desde entonces han pasado tantas lunas que no recuerdo el momento en que perdí el miedo a admitir que me enamoraste.
De todas y cada una de las formas que podías haberlo hecho.
Y ahora hablo de amores que no son hasta que ya han envuelto el corazón. De distintas formas de querer, aunque ninguna como la tuya.
Hablo de suerte y de coincidencias. Nunca de destino. De pequeños detalles que dibujan grandes sonrisas y destapan el corazón. Hablo de vías que te alejan y kilómetros que sólo son excusas. Hablo de domingos donde la nostalgia se tumba a hacerte compañía, aunque no la llames.
Hablo de como te desenamoras, pero como nunca dejas de querer. Hablo de inviernos donde el frío queda atrás y de vidas que se cruzan hasta que todo queda en su lugar.
De como tus manos quedan lejos mientras que tus palabras saben a casa.
Inspiras y cruzas cielos. Expiras y te deshaces de un par de días que parecen demasiado largos.
Vigilo la hora pero me pierdo al tercer baile. Planeo las sacudidas de cadera que te llevaran hasta mis labios y las cambio por las veces que te haré salir a buscarme.
Hay años que te descolocan la vida y vidas que te revuelven el corazón.
Y luego está esa luna llena en una noche nublada.
Recorrió pocas bocas sólo porque ninguna le llamaba enana de esa forma tan tuya.
Abandonó sus penas entre los acordes que le repetían que ya no estabas. Los mismos que le decían que había más miedo que kilómetros de por medio.
Desde entonces han pasado tantas lunas que no recuerdo el momento en que perdí el miedo a admitir que me enamoraste.
De todas y cada una de las formas que podías haberlo hecho.
Y ahora hablo de amores que no son hasta que ya han envuelto el corazón. De distintas formas de querer, aunque ninguna como la tuya.
Hablo de suerte y de coincidencias. Nunca de destino. De pequeños detalles que dibujan grandes sonrisas y destapan el corazón. Hablo de vías que te alejan y kilómetros que sólo son excusas. Hablo de domingos donde la nostalgia se tumba a hacerte compañía, aunque no la llames.
Hablo de como te desenamoras, pero como nunca dejas de querer. Hablo de inviernos donde el frío queda atrás y de vidas que se cruzan hasta que todo queda en su lugar.
De como tus manos quedan lejos mientras que tus palabras saben a casa.
Inspiras y cruzas cielos. Expiras y te deshaces de un par de días que parecen demasiado largos.
Vigilo la hora pero me pierdo al tercer baile. Planeo las sacudidas de cadera que te llevaran hasta mis labios y las cambio por las veces que te haré salir a buscarme.
Hay años que te descolocan la vida y vidas que te revuelven el corazón.
Y luego está esa luna llena en una noche nublada.
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