Nunca pierdes la esperanza hasta que en vez de sus buenas noches lo único que tienes son un par de lágrimas escondidas en la almohada. Y entonces te pierdes, entre tus ganas de decirle que nunca le quisiste y tu corazón que a gritos le echa de menos. Es difícil. Tratar de seguir adelante en un invierno improvisado, donde el frío viene de todas partes menos de fuera.
Y entonces, un día al azar, le encuentras en una canción. Y en vez del odio, esta vez el que llora es el corazón, escondido detrás de tu sonrisa, susurrándote que no ha habido nunca ni historia más bonita ni amor más amor.
Que sólo se ha quedado atrás el tiempo, que se olvidó de que crecíamos. El tiempo y un par de suspiros con aquello que nunca nos dijimos, y todo lo que se quedó por cumplir.
Pero estaba escrito que yo, sin tus manos, no era ni la mitad de 70. Y que mi orgullo no tenía nada que hacer contra tu recuerdo.
Ya no volvieron ni los inviernos en plena primavera ni las tormentas a la hora de dormir. Lo que volvió fue esa sonrisa que me encontraba las cosquillas y me encendía el corazón. Sonaba distinto, sonaba mayor. A caminos mezclados con mar. A California y a capitales. Pero sus te quiero siempre fueron iguales. A pesar de las idas y venidas. De las vueltas locas que dio la vida.
- ¿Sabes qué? (además de que te quiero)
+ ¿Qué?
- Que también me encantas
Siempre hubo tanto amor que fue imposible conformarme con menos.
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miércoles, 12 de septiembre de 2012
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