Podría hablar de enero. De febrero y sus exámenes. De la nieve, de las acampadas improvisadas y de las camisas verdes.
Podría hablar del momento en que el frío dejó de importarme. De los minutos que empezaron a hacerse cortos y los segundos que se hicieron largos.
No sé si fue difícil perderse o simplemente fue fácil dejarse llevar.
Sólo sé que llegó un final que desembocó en comienzo. Que cambié de labios, de ciudad y de color de pelo. Pero no de mar.
Seguía recordando en noches al azar. Seguía haciéndome sentir tan grande y a la vez tan pequeña. Había estado jodidamente perdida. Jodidamente enamorada.
Pero ahora podría asaltar mil silencios hasta colgarme de sus labios. Ahora hablaría de él. Del lunar de su barriga y su cabello desordenado. De cómo el sudor de su frente y mi respiración entrecortada buscan darme las razones que había pedido.
Ahora parece fácil. Parece incluso tener sentido.
Que pudiera perderme tanto yo sola para perderme ahora tanto con él.