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viernes, 4 de mayo de 2012

escribo por los que no escriben pero sí lo sienten

Es no saber cómo calmar esa rabia. 
En días en donde el sol ya hace tiempo que se esconde y no se deja ver. En días en los que incluso el orgullo te susurra que has hecho demasiado daño. Y te dan ganas de gritar. De gritar y de salir corriendo. Hasta alcanzar la primavera. Pero das un  portazo y te encierras en esa habitación que se encoje y lloras.
Y puede que eches de menos su abrazo, pero tampoco te dio uno nunca.
Porque de nada le sirve una pizca de calor una vez a la semana; sabe a poco. Y últimamente lo que necesita es amor
Busco en cada esquina un motivo para contar hasta 10 y respirar. Busco una mañana en la que, tal vez, pueda atreverme a preguntar por qué. 
Pero mientras, me oculto en el silencio. Y es que esconde tantas verdades como promesas se han hecho a la luna.
Y en una colcha azulada silencio mis penas, apiladas entre los recuerdos que a veces me hacen de compañía cuando pienso en ti. 

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