Es no saber cómo calmar esa rabia.
En días en donde el sol ya hace tiempo que se esconde y no se deja ver. En días en los que incluso el orgullo te susurra que has hecho demasiado daño. Y te dan ganas de gritar. De gritar y de salir corriendo. Hasta alcanzar la primavera. Pero das un portazo y te encierras en esa habitación que se encoje y lloras.
Y puede que eches de menos su abrazo, pero tampoco te dio uno nunca.
Porque de nada le sirve una pizca de calor una vez a la semana; sabe a poco. Y últimamente lo que necesita es amor.
Busco en cada esquina un motivo para contar hasta 10 y respirar. Busco una mañana en la que, tal vez, pueda atreverme a preguntar por qué.
Pero mientras, me oculto en el silencio. Y es que esconde tantas verdades como promesas se han hecho a la luna.
Y en una colcha azulada silencio mis penas, apiladas entre los recuerdos que a veces me hacen de compañía cuando pienso en ti.
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