Días en los que la autosuficiencia no basta, y tu corazón te pide un poco de amor. Un lunes que se transforma en domingo y vuelves atrás en el tiempo.
Un año de sonrisas permanentes ancladas a tu rostro.
El amor que se deja entrever ese invierno al que aun le queda frío.
Escribir de forma apresurada, desbordada, alocada, mientras tus dedos se mueven solos y la imaginación no cesa, presa de esas palabras que nacen solas y se colocan una al lado de la otra.
Un abrazo que es abrazo, aunque tu no estés.
Una historia que, de alguna forma, sigue esperando un comienzo.
Tiempo para renacer, para pensar, para hacerte más fuerte mientras descubres lo mucho que has cambiado sin darte cuenta, y comprendes que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y una sonrisa para regalarte.
Entender que la parte fea de la historia sólo está para enseñarte a aguantar los golpes, y que recordar lo bueno te arrancará sonrisas aun cuando hayan pasado años.
Que los impulsos que hacen a un lado tu orgullo reciben respuestas que ponen las cosas en su lugar para que puedas respirar por primera vez en mucho tiempo. Aunque parezca que la historia se repita.
A veces, cuando menos te lo esperas, te das cuenta de que alguien te amó, y eso significa que alguien te volverá a amar. Eso te hará sonreír.
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lunes, 23 de abril de 2012
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