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miércoles, 22 de agosto de 2012

mil lunas llenas por delante

El ICE *** abandona Alemania sin recelo. No quedan asientos ni cabinas, pero sí un par de horas por delante.
Quedan atrás los adoquines de Praga y los S+U de Berlín. Keleti suena a leyenda y las calles parisinas parecen haber desaparecido entre el traqueteo de los trenes.
Con apenas seis horas de sueño en dos días, el suelo de un vagón cualquiera es suficiente para dejar pasar el tiempo.
Quedan ocho días y mil sonrisas por delante. Quedan calles por las que perderse y conversaciones antes de dormir. Quedan noches de alcohol y de darlo todo y mañanas de enredarse entre las sábanas y quejarse del dolor de cabeza.
Sin duda alguna, queda aún algun enfado que otro y unos cuantos gritos de más.
Una ciudad por cada sueño y un sueño por cada mensaje a media tarde.
Mil seiscientos ochenta y seis canciones y unos auriculares rosas que ayudan a hacer menos largos los kilómetros de más.
Dos paquetes de galletas y un batido de madrugada que se queda en la estación.
Que este viaje es sólo otra forma de acabar con la rutina y desconectar del mundo. De conocer a los de siempre y a los de ahora. De perderse y echar de menos.
Tengo la espalda cargada y los pies cansados. Tengo la ilusión y las ganas del primer día. Tengo todas y cada una de las canciones que llevan escrito su nombre y que aun me hacen sonreír.
Y después de quince días, ya son sólo tres ciudades las que me esperan. Tres ciudades para romper el tiempo y bebérmelo entre vías que susurran tu nombre.

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