Siempre habló de amores baratos y ganas embotelladas hasta que te hiciste dueño de su sonrisa sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Perdió su corazón un mes de abril y no lo recuperó hasta mucho después.
Recorrió pocas bocas sólo porque ninguna le llamaba enana de esa forma tan tuya.
Abandonó sus penas entre los acordes que le repetían que ya no estabas. Los mismos que le decían que había más miedo que kilómetros de por medio.
Desde entonces han pasado tantas lunas que no recuerdo el momento en que perdí el miedo a admitir que me enamoraste.
De todas y cada una de las formas que podías haberlo hecho.
Y ahora hablo de amores que no son hasta que ya han envuelto el corazón. De distintas formas de querer, aunque ninguna como la tuya.
Hablo de suerte y de coincidencias. Nunca de destino. De pequeños detalles que dibujan grandes sonrisas y destapan el corazón. Hablo de vías que te alejan y kilómetros que sólo son excusas. Hablo de domingos donde la nostalgia se tumba a hacerte compañía, aunque no la llames.
Hablo de como te desenamoras, pero como nunca dejas de querer. Hablo de inviernos donde el frío queda atrás y de vidas que se cruzan hasta que todo queda en su lugar.
De como tus manos quedan lejos mientras que tus palabras saben a casa.
Inspiras y cruzas cielos. Expiras y te deshaces de un par de días que parecen demasiado largos.
Vigilo la hora pero me pierdo al tercer baile. Planeo las sacudidas de cadera que te llevaran hasta mis labios y las cambio por las veces que te haré salir a buscarme.
Hay años que te descolocan la vida y vidas que te revuelven el corazón.
Y luego está esa luna llena en una noche nublada.
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1 comentario:
IN-CRE-Í-BLE.
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